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martes, 3 de abril de 2012

CHAMAN QUE PARA LAS LLUVIAS; instantánea familiar


Tomado de http://primicia.co/wp-content/uploads/2012/01/chama.jpg
 A mi mamá le gustaba sacar la matas al patio cuando quería que lloviera. Y las entraba, por supuesto, para que dejara de llover. Me lo dijo con convicción el día que la ví en esa tarea: hago llover!. Ese día nos divertimos mucho, pensando en los riesgos en los que estaría el mundo si ella fuera la que definiera el rumbo de las lluvias.
Acordamos que lo mejor era que nadie se enterara, por lo menos antes de su partida. Se nos volvería un problema. Platica dijo mi madre, colas en la casa mamá! Le dije. ¿Y no será que después sumercé no se mete en problemas con toda esa gente que pelea allá afuera? Salió riendo hacia la cocina y volvió con una cuchara de palo. Y ahora qué? A recoger el agua si se me pasa la mano! Mamá  está llamando el HIMAT!
Nos sentamos un rato a reirnos todas. Alguna dijo: Hay madre, menos mal dejaste de leer el tabaco!

jueves, 2 de junio de 2011

"Ponga atención..." dice el tropel; obedezco pero no me mande, digo















"¿Dónde está la izquierda? Al fondo, de la derecha"
Movimiento M-15
Plaza Sol-ución en Barcelona
http://www.aprendelo.com/noticias/movimiento-m-15-ni-nis-piden-formacion-empleo-457230.html

Los movimientos de la política tienen muchos bemoles. Al suprimir estos matices, al encerrarse en una estrategia, la forma natural que adopta la organización es el Partido, con sus eficiencias y jerarquías, con sus aberraciones y sus potencias.

Así que cuando se pierde el afán de "centralizar compañero", la confluencia de diversas iniciativas abren el espectro de la atención. Algunas ganan más sintonía que otras, muchas quedan como esfuerzos personales, algunas pocas encuentran eco.

Cuando una de estas iniciativas reclama para si toda la atención -el tropel por ejemplo- las otras dinámicas giran su sentido -cuando se arreglan las citas en otro espacio-, se abstienen -evacuación-, se involucran -como espectadores o partícipes-, se resisten -la parada de los llamados movimiento blanco-. En el caso concreto del tropel univalluno las estadísticas espontáneas muestran que la gran mayoría se abstiene, que muchas iniciativas académicas se reubican -incluso con antelación- o reprograman -con los consabidos costos-; que unos pocos se involucran y que si al caso 10 o 15 personas se resisten activamente -ingenuamente dicen algunos-.

"Ponga atención", es un llamado que hace rato dejó de ser un imperativo de la autoridad siquiera hogareña, la escuela no lo usa como orden pues sus esfuerzos están dirigidos a la seducción. Los medios masivos hacen otro tanto con sus estudiados diseños. Obligar la atención queda como un testimonio histórico de una situación, mientras la situación sigue su curso.

En un contexto así, focalizar la atención del colectivo de manera continuada, hasta el punto que esta atención se exprese en una acción trascendente -digamos, la Constitución de 1991 por ejemplo-, es un proceso sutil, lento, irregular y hasta caótico al principio, pero con la deriva de los acontecimientos va encarnando una fuerza que dispone órdenes, señala focos, dicta sentencias y propone horizontes impredecibles.

Y en un camino así, sin garantías de alcanzar algún propósito, la paciencia y la persistencia son las baluartes de quien lo recorre. Cuesta ser ciudadano decía José Saramago. Cuesta dejar la comodidad de lo cotidiano para hacer parte de lo que intenta un cambio.

Ahí están las gentes en las plazas de Barcelona y Madrid. Intentándolo. Decididas a no ser mercancías del mercado laboral.


Imagen tomada de:
http://jjsj.blogspot.com/2009/01/cuando-los-nios-vuelven-al-cole-yo.html

sábado, 23 de abril de 2011

(LA escuela Sindical y el Grupo de Investigación en Educación Popular; más allá de la escuela de líderes)

Le pedí a mi Curriculista de confianza que me ayudara a organizar unos apuntes para hacer algunas preguntas sobre el origen del grupo en educación popular.

Y a qué te viene eso? Me dice. Como estoy metiéndome allí, quisiera saber si fuimos en algún momento formadores de líderes. O mejor… le leí: ¿Está en el presupuesto de nuestra intervención el tema del liderazgo? Detrás del compartir conocimiento está el empoderamiento y allí, justo allí el sujeto, la persona, la referida empoderada… para qué? ¿Para qué empoderamos?

Una persona preocupada por eso debería estar más que en una universidad en una ONG, me dijo mi Curriculista de confianza. Para mi Curriculista la Universidad es una institución de formación y docencia, en apoyo y en desarrollo de la cual una investiga. ¿Empoderamiento?, me dijo, tal vez como experimento en un proceso de indagación pero no como máquina de producir servicios al estilo ONG. Esto último me lo dijo en tono de severidad. Me quedé un instante en silencio como aguantando la respiración y le dije como soltando el aire, será? Ambas soltamos la carcajada.

Ya habíamos discutido suficiente el tema de la Ley 30 y un negocio lucrativo como el que pide el gobierno parece la venta de servicios. Mi Curriculista de confianza en eso es radical opositora, eso le parece una propuesta para politécnico, en ese camino de la venta de servicios si la U alcanza a "Foro por Colombia" se puede dar por bien servida, dice con esos sarcasmos que suele sacar como voliando el bolso.

¿Pero no te parece que el empoderamiento sea un plus de nuestra acción? No es un plus, me contesta más relajada, es algo que hacemos. Al formar a la gente lo estamos haciendo. Sí, me dije, tiene razón. Sí, tienes razón, le dije. Me refería a que cuando trabajamos con la gente de las comunidades que interactuamos eso es un elemento al cual somos sensibles. Sentí que me miró de arriba abajo cuando me dijo en ese tono de sentencia: eso es algo con lo que ustedes nacieron como educadores populares, es parte de su tradición. La demás gente viene de otra tradición, la tradición de las ciencias, y van para otro lado.

Y mi pregunta? Ah, tu pregunta? Si eso que hacían no era formar líderes sino educadores populares, todavía queda saber y esos educadores son o no líderes? Bueno no un liderazgo de partido político, le digo. Al principio si, me dice. Sí al principio si, le digo. ¿en qué momento se produjo esa escisión? Me pregunta.

Me quedo mirando para el rincón donde está ovillado el gato. Mueve la cola con cadencia. Hay un momento molecular que vivo con las escuelas sindicales. Molecular? Me pregunta. Molecular es que te lo puedo narrar con cierto detalle, porque cuando era joven vi a los mayorcitos, que me llevaban unos cinco años, peleando desde las escuelas sindicales con las direcciones partidarias, espacios de producción de ideas no articuladas a la estructura partidaria. Ellos argumentaban a favor de la independencia que se necesitaba para poder desarrollar una tarea más efectiva como “intelectuales de la revolución”. Autonomía quieres decir. Quiero decir esa palabra, autonomía, pero no me salía, gracias. Continúa. Creo que esa escena se repitió de manera similar desde los primeros años de la fundación de las ciencias sociales en Colombia. Fals Borda y toda su corte dan la pelea en varios frentes. Frente a la Academia, que no atendía nuestra realidad y se basaba en modelos importados. Y frente a las organizaciones de izquierda, que pretendían hegemonizar los intereses de la investigación social. La efervescencia revolucionaria de las Ciencias Sociales reverberó por lo menos hasta la década del 90 del siglo XX. Ese debate, y ese drama, marcó el nacimiento de las Ciencias Sociales en Colombia. Uribe usaba ese monigote en cada una de sus salidas. Te refieres al del Estudiante de Sociología? Sí a ese. ¿Y en ese contexto cómo incluyes la Universidad? Pues de muchas maneras le digo, ahora que siento que este interrogatorio me abre más preguntas que respuestas. A qué horas perdimos el hilo de la conversación sobre liderazgo, le pregunto. Cómo así? Me dice. Y no preguntaste para qué empoderan? Ah!

Se corto la comunicación, mi Curriculista anda de paseo y la señal del celular donde ella está es un milagro de semana santa.

domingo, 10 de abril de 2011

LA EDUCACIÓN ES UN BIEN COMÚN...todo primate lo sabe


Urge afrontar como Sociedad y como Cultura el riesgo al que están expuestas las nuevas generaciones con el abandono de la educación pública. Abandono afectivo de gobernantes que cumplen con cuotas de sostenimiento, sin invertir un peso en el mejor hacer de la “escuela pública”; abandono de las comunidades que se eximen de su responsabilidad afectiva echándole la culpa a los gobernantes de turno; abandono de las instituciones, preocupadas por el bien común, que utilizan la población de la escuela pública sin atender sus requerimientos y dinámica cultural.

En esa soledad, la educación pública pareciera quedar como territorio de nadie. Nuestras nuevas generaciones se educan en un “no man´s land” evolutivamente suicida, del cual salen dando gritos, tropeliando, puteando la vida en ocasiones, reclamando por ese sentimiento de ausencia que los agobia.

Aunque sea tildado de idealista diría que harían mejor todas las partes si cada una cumpliera con su compromiso político y cultural. Los unos invirtiendo, los otros participando y los terceros cooperando. Idealista quien propone la ilusión, ilusión en tanto distante de lo real. Y lo real parece tan deprimente que cumplir el deber se convierte en utopía, sin reparar en que la ilusión no está en las partes sino en el sentimiento de impotencia que las hace tan distantes.

Quienes habitamos y persistimos en la estrategia educativa, quienes hacemos parte de esta tradición, el pesimismo lo reservamos al número de la lotería que nos favorece. Por más fundamentado y concluyente que nos pueda parecer el abandono, tendemos a creer en la necesidad animal de aprender y en la responsabilidad de la sociedad en la educación. Eso es algo hormonal de nuestra vocación que heredamos de los primates. Nuestro destino, como comunidad académica, está signado por la convicción en el ser humano y esa convicción, esa fe, signa nuestro mirar, nuestro hacer, nuestro pensar y nuestro sentir.

Más allá de estas angustias inmediatas, aprendemos de nuestra tradición la virtud de la paciencia y apreciamos las dificultades de todo proceso de aprendizaje… hasta el punto de la ingenuidad al considerar que en medio de una sociedad en crisis y una cultura hegemónica que pareciera hacerle la venia a valores que promueven el éxito individual a cualquier costo, las Instituciones Educativas –IEs- tienen el reto y la potencia de recordar y enseñar a apreciar el valor y la trascendencia del bien común.

Y en eso Todas podríamos colaborar. Lo necesitamos.